
Entre el humo, los fuegos de artificio, el meneo sexuado de los bailarines y la música ensordecedora, anoche Wisin & Yandel regalaron un recital caliente y frenético, que demolió a las 5 mil jóvenes y criaturas que los fueron a ver al Orfeo.
Al cierre de esta edición (largaron con una hora de atraso), cuando todo el mundo se preparaba para disfrutar de “Abusadora”, el clásico más clásico, los dos portorriqueños seguían haciendo gala de un estado físico comparable al de un corredor de Fórmula Uno.
Los morochos son tan incansables como monotemáticos: cuando les tocó hablarle a la gente, todo giró en torno a las “hermosas” mujeres cordobesas, al amor, a lo piola del público cordobés y al agradecimiento a los padres por traer a sus hijos a este rompedero de tímpanos. Igual, la gente estaba chocha. Tanto con los temas movidos (“Pegao”, “Noche De Sexo”, “Abusadora”, y muchísimas más) o con los lentos (los menos, entre ellos “Dime Qué Te Pasó”, “Lloro Por Ti”).
Había que ver a todas esas criaturitas acompañadas de papá o mamá, completamente lookeadas, meneándose al ritmo del reggaetón. No había letra que no se supieran, y ni qué hablar de los meneos.

























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